Categoría: Especial

QUE ES EL RANSOMEWARE?

Ransomware es un tipo de software malicioso (o malware) que bloquea a la víctima el acceso a su ordenador y le pide que realice un pago. El pago y la razón oficial por la que la víctima debería pagar depende del tipo de virus. 

TIPOS DE PARASITOS EN LOS QUE SE DIVIDE EL RANSOMWARE
  • Ransomware de encriptación de archivos. Esta versión ransomware se distribuye principalmente con la ayuda de troyanos. Una vez que se infiltra en el dispositivo, localiza los archivos más usados por la víctima y los encripta.
  • Ransomware de no-encriptación. Este tipo de ransomware bloquea el sistema de la PC completo y busca tratar con el usuario de la PC para que pague una multa inventada.
ELIMINA EL RANSOMWARE

En caso de que quedes infectado con un ransomware, no es recomendable realizar ningún pago. No creas ningún mensaje que diga que estás tratando con autoridades gubernamentales, ya que no es verdad. Normalmente, estas declaraciones se muestran simplemente para asustar a las víctimas y que paguen.

Por fortuna, la mayoría de softwares antivirus y anti-spyware pueden fácilmente encontrar archivos ransomware en el sistema y eliminar cada uno de ellos. 

Referencia: http://Ransomware en wikipedia

La mujer en la creación

Cuenta la leyenda, que hace mucho, mucho tiempo; cuando Dios hizo la Tierra, después de trazar el circulo sobre la faz del abismo, de separar las aguas de lo seco, de acomodar la vegetación según cada lugar, y las especies según su medio hábitat; creyó que todo carecía de propósito.

Entonces pensó, que tal vez sería buena idea hacer un ser semejante a él, que pudiera acumular sabiduría y aplicarla para su propio bien. Entonces, Dios hizo al hombre, a su imagen y semejanza lo hizo.

El hombre estaba fascinado explorando la Naturaleza, y poniéndole nombre a lo que encontraba a su paso. Pero, poco a poco esa fascinación iba desapareciendo, la motivación se iba perdiendo, y el entusiasmo decayendo. Y llegó a la misma conclusión que Dios; creyó que todo lo que estaba a su alrededor carecía de propósito.

Dios se dio cuenta de lo que acontecía en el interior del hombre, y pensó que lo había dejado incompleto; se puso a analizar la situación, sabía que l hombre necesitaba motivación, inspiración y un por qué hacer las cosas, y extraer el máximo potencial de sí mismo y de la naturaleza.

Dios reunió los elementos más bellos y sublimes de la Naturaleza; y se puso a trabajar arduamente en su proyecto, en su obra cumbre, en el toque mágico de la Creación: la mujer. Después de días de arduo trabajo, de pensar y meditar, y de ir perfeccionando su obra, quedó complacido; había logrado su máximo objetivo, lo que le iba a dar sentido y propósito al hombre y a la Naturaleza.

Ya una vez que terminó de hacer a la mujer se la presentó al hombre, y se la dio por compañera. Al hombre al instante le brillaron los ojos, resplandecían tanto que alumbraban a su alrededor. La mujer vio el fulgor en los ojos del hombre; y el hombre sin esperar más se acercó a ella, la tomó dócilmente de la mano, acarició suavemente su mejilla, acercó sus labios a los de ella, y los rozo suavemente, dándole su primer beso. Y en seguida empezó a mostrarle sus descubrimientos; entre ellos estaba la belleza de la flor; tomó una y se la dio, y acomodo otra en su largo y bello cabello.

Juntos empezaron a construir cosas y a transformar la Naturaleza. Festejaban como niños, había mucha algarabía entre ellos; todo era dicha y felicidad. Pero, en un momento dado, el hombre quería explorar más allá de lo que había a sus alrededores; su irada siempre la dirigía hacia un lejano horizonte. Se lo planteó a la mujer, y la mujer o quería; pero el hombre, no lo podía resistir, quería conocer más.

Por fin, lo hizo; ampliaba un poco más sus horizontes, dejando a la mujer en su refugio, protegida de cualquier contingencia. El hombre transportaba herramientas; y siempre volvía con algo nuevo y desconocido para la mujer; y ambos seguían creando cosas nuevas, con los nuevos recursos que encontraba el hombre.

Sin embrago, la mujer pasaba largas horas en soledad durante la ausencia del hombre; y sentía un vacío, una nostalgia; tan acostumbrada estaba a su compañía, que lo que el hombre traía no la consolaba.

Y empezó a manifestarle al hombre emociones nuevas que él desconocía: enojo, irritación; aparte de que experimentaba nostalgia. El hombre estaba confundido ante estos acontecimientos; acudió a Dios, elevó su voz y dijo: Dios, Dios. Dios le contestó: heme aquí, en qué te puedo ayudar. Dijo el hombre: la mujer que me diste por compañera no la comprendo, tiene cambios repentinos en sus estados de ánimo; me podrías dar una guía para comprenderla. Dijo Dios: No hay guía para comprender a tu compañera, así como no hay guía para darle explicación a todo lo que acontece a tu alrededor, en la Naturaleza; ese es tu trabajo: esforzarte día tras día en comprender a tu compañera y darle explicación a todos los acontecimientos de la Creación. El hombre sintió que sobre sus hombres recaía una gran responsabilidad; y confundido le dijo a Dios: ¿Te puedo devolver a la mujer? Dios dijo: Sí. Y se llevó a la mujer lejos de la presencia del hombre.

El hombre, que ya había descubierto más cosas, seguía creando inventos. Pero, poco z poco su entusiasmo iba mermando, su motivación; y también sus fuerzas iban decayendo; su apetito, su vigor. Y llegó un momento dado en que cayó de rodillas, sin fuerzas, sin aliento, sin motivación; estaba completamente derrotado. Con el poco aliento que le quedaba miró hacia el cielo, y casi sin fuerzas, dijo: Dios, Dios; y tomando un poco de aliento, elevó su voz y volvió a decir: ¡Dios, Dios, Dios! Dios lo escuchó y le respondió: heme aquí, para qué me ocupas.

El hombre le dijo: tú me diste a la mujer por compañera; te pido de corazón que me la devuelvas, la necesito. Dios le dijo: Te di a la mujer por compañera, como lo acabas de decir; y tú me la devolviste. Ahora dime: ¿Para qué la quieres, para qué la necesitas? Dijo el hombre: Cuando me diste a la mujer, no podía valorarla; nunca antes había sentido la presencia de una mujer; poco a poco empecé a conocerla, a explorar su naturaleza; y sentir la fragancia de su piel, de su belleza, de su ser. Ella me daba palabras de aliento, me impulsaba con su mirada; sus caricias me embriagaban; sentí el éxtasis de su dulzura; y de alguna manera ambos nos hicimos uno sólo, una sola esencia. Cuando te la llevaste, sentí que mi alma se desgarraba, que se partía en pedazos; pero, me encontraba en un momento de confusión, y creí que podía seguir sin ella. Hoy me doy cuenta, que no es así, la necesito más que a mi propia vida; te lo ruego, te lo imploró, te lo suplico: devuélvemela, la necesito.

Dios, vio que el hombre era sincero; y decidió devolverle a la mujer. Y le dijo: está bien; pero antes quiero que me prometas una cosa. Lo que quieras, lo que quieras; dijo el hombre desesperado. Y Dios continuó: quiero que me prometas que te vas a esforzar día tras día en comprender a tu compañera, en apoyarla y hacerla feliz. Dijo el hombre: ¡Lo prometo Dios mío, lo prometo! Algo más, dijo Dios: quiero que comprendas que su felicidad es tu felicidad, y su bienestar es tu bienestar. Está bien, contestó el hombre.

Entonces, Dios llamó a la mujer. El hombre al verla se acercó lo más rápido que pudo a ella; y ya estando frente a ella, la mujer miró en los ojos del hombre el arrepentimiento y un amor profundo. El hombre susurró unas palabras: ¿Me perdonas? La mujer había escuchado lo que Dios y el hombre hablaron, aunque no se encontraba ante los ojos del hombre. La mujer con todo el corazón y el amor que sentía por él; sólo dijo: Sí, te perdono. Se fundieron en un fuerte abrazo, y le siguió un tierno beso; y con ello pactaban su amor eterno.

Me encoeste texto y lo incluyo en el blog para celebrar el día de las madres que son extraordinarias mujeres.